Beca Futuro, el sueño (casi) frustrado de 24 jóvenes altamente cualificados

Beca Futuro, el sueño (casi) frustrado de 24 jóvenes altamente cualificados

24 estudiantes tarijeños han completado estudios superiores gracias a la ayuda del programa Beca Futuro, un programa pionero en Bolivia y que amenaza naufragio de los importantes: Si las opciones laborales en Tarija para la alta cualificación han sido desde siempre complicadas, la pandemia por un lado y la interminable crisis económica por otro parecen querer darle la puntilla.

Los datos son evidentes, el desempleo sigue rondando el 8 por ciento a nivel nacional, sin embargo, el dato del Instituto Nacional de Estadística (INE) confunde demasiado entre los que tienen un empleo formal y los que simplemente emprenden cualquier iniciativa económica para sobrevivir. Es lo que muchos de los becados han tenido que hacer para que sus estudios no caigan en saco roto.

Waldemar Peralta, exsecretario de Coordinación de la Gobernación de Tarija y uno de los principales promotores del programa junto al fallecido Rubén Ardaya lamenta que el mercado departamental no esté siendo capaz de absorber a estos profesionales altamente cualificados y apela a los poderes públicos para abrirles un espacio. “La educación es lo único que hará la diferencia en el futuro”.

El paro juvenil duplica el general en casi todas las zonas del país y sus condiciones son de precariedad. Apenas el 30 por ciento de los menores de 30 años están afiliados a los Fondos de Pensiones, mientras que la misma ratio entre los 30 y los 50 llega al 60 por ciento.

¿Qué es la Beca Futuro?

El programa de Beca Futuro ha entrado en un periodo de evaluación similar al del resto de programas de la Gobernación de Tarija, inmersa en un proceso de reestructuración de gastos e inversiones a fin de optimizar los recursos económicos, cada vez menores.

El proyecto se enmarca dentro de las competencias de la Gobernación sobre Educación pero con un enfoque diferente más alineado a las políticas liberales: financiar la alta especialización frente a la tradicional inversión en igualdad de oportunidades y en ensanchar la base de estudiantes con niveles medios.

Durante la gestión 2019 se alcanzaron 19 becarios, mientras que en la gestión 2020 solamente se pudo alcanzar a 5 beneficiarios, hasta que la pandemia paralizó el proyecto.

Los becarios han podido especializarse en países como España, Argentina, Perú, Costa Rica. Los primeros beneficiarios ya retornaron a Tarija en busca de oportunidades y cumpliendo el compromiso de la beca, que exige el retorno al departamento para evitar la fuga de talentos, sin embargo, sus oportunidades han sido escasas.

La educación como futuro

El informe Panorama de la Educación 2019 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que forma parte de la campaña «Yo soy el futuro del trabajo » de la OCDE, afirma que, en promedio en los países de la OCDE, el 44% de las personas entre 25 y 34 años tenía un título de educación terciaria en 2018, frente al 35% en 2008. Su tasa de empleo era 9 puntos porcentuales superior a la de los adultos con educación media superior y sus ingresos eran un 57% más altos. Los datos están muy lejos de la realidad en Bolivia, donde son pocos los profesionales que logran consolidar estudios postsecundarios.

«Es más importante que nunca que los jóvenes aprendan los conocimientos y las capacidades para desenvolverse en un mundo impredecible y en cambio», afirmó Angel Gurría, Secretario General de la OCDE, durante la presentación del informe en París. «Debemos ampliar las oportunidades y crear vínculos más sólidos con las competencias necesarias en el futuro, de forma que todos los estudiantes puedan encontrar su lugar en la sociedad y contribuir con todo su potencial».

Dos testimonios de primera línea

Julio César Mamani Alemán es un joven nacido y crecido en Bermejo que logró la beca Futuro para estudiar un Máster en Hidrología y gestión de Recursos Hídricos de la Universidad de Alcalá y la Universidad Rey Juan Carlos que tiene claro que la oportunidad “cambió mi vida”.

“Solo puedo decir que viví la mejor experiencia de mi vida, ya que compartí muchos momentos y conocimientos con diferentes personas de diferentes nacionalidades, ya que mi máster es el mejor referente del estudio de aguas superficiales y subterráneas del mundo, galardonado por la Unión europea y con más de 30 años de aporte a la sociedad europea y de participación año a año con cientos de promocionados y ahora colegas especialistas en hidrología y gestión de los recursos hídricos a nivel mundial”.

Julio César señala que hubo algunos problemas en la maestría por el inicio de la pandemia que obligó a la reconversión de las clases a la modalidad virtual, pero también momentos buenos, ya que fue premiado como científico investigador, otorgándole una beca de estudios para el Doctorado en la Universidad Rey Juan Carlos.

El 8 de febrero de 2021 Julio César decidió volver a Tarija aun con los temores propios derivados de la incidencia del Covid en el marco profesional. “Luego de un tiempo de espera y tras culminar otros estudios paralelos que realicé en Madrid, decidí retornar a nuestro país un ocho de febrero, ya con el ideal de querer aportar a la sociedad y devolver a mi tierra todo lo aprendido en el exterior. Al retornar todo fue distinto, algo que ya era de esperar, ya que desde fuera pude ver y seguir los diferentes cambios y transiciones que atravesó nuestro país en plena pandemia del Sars-CoV-2.

“Llegar en una fecha con tintes electorales fue algo inoportuno, ya que no se sabía sobre la continuidad del programa y con el transcurso de los días así fue, tras el ingreso de un nuevo frente de poder, el programa cayó y fue cerrado hasta donde tengo conocimiento” señala contrariado por su voluntad de servicio, que se vio frustrada.

Después de buscar en lo privado, también recorrió las instituciones públicas tras los cambios de gobierno, y tras mandar infinidad de currículums, no logró ningún espacio profesional. “En muchas instituciones de orden gubernamental se me sobrecalificó y se me cerraron las puertas por no tener un tinte político definido, exigiendo certificaciones amarillistas y nada agradables” denuncia.

Como casi todos, Julio César optó por el autoempleo y junto a algunos colegas incursionó en el mundo de las consultorías, donde sumó algo de experiencia y actualmente se integró en una Fundación donde puede desempeñar funciones más cercanas a su formación de alto nivel. “Muchos profesionales se ven limitados a recibir un salario mínimo y eso que si de mínimo se habla se deben considerar aportes políticos “voluntarios”, aportes a las AFP, descuentos y más, teniendo ingresos económicos totalmente limitados, donde a simple vista se puede ver que otros sectores generan más ingresos, esto a consecuencia de la crisis económica que se vive día a día y que es camuflada con argumentos políticos insulsos y nada elocuentes con la realidad”.

En definitiva, Mamani cree que “existe mucho desempleo, y bendito aquel que tiene una fuente de empleo, ya sea con un salario mínimo, pero cuenta con ella. No existen empresas que requieran profesionales para desempeñar cargos, siendo una pena ver y saber de muchos colegas que viven a la espera o confirmación de alguna pega”.

La experiencia es similar a la de Adriana Suárez, becaria de INCAE, que desde que retornó ha buscado trabajo sin éxito, por lo que se ha integrado en su empresa familiar. “Deseo buscar otras oportunidades laborales, porque realmente tenemos mucho que aportar y eso se hace en puestos que generen cambios, en puestos mas altos que puedan reactivar la economía de Tarija en este momento tan delicado. Nos prepararon para puestos gerenciales y si bien en la empresa genero ingresos es para mi familia y personal a mi cargo, pero es es egoísta por mi parte y no es por lo que yo me apunté a la beca, sino por contribuir a Tarija” señala Suárez, becaria de la escuela de Negocios más importante a nivel Sudamérica.

“Cuando postule a la beca deje a mis socios a cargo de los proyectos y me fui con la expectativa de retornar y cumplir con los objetivos de la beca, pero bueno el Covid llegó cuando estuvimos estudiando, así que ya sabíamos que se iba a poner difícil conseguir un buen puesto de trabajo porque en varias empresas estaban despidiendo” asume con madurez Elizabeth Suárez.

“Estudiar en el extranjero realmente fue una gran experiencia, sobre todo porque te relacionas con diferentes culturas y personas bastante competitivas. Los profesores y la metodología de estudio son de alto nivel, en algunos casos nos exigían leer los casos en inglés y pasar las clases en inglés, como es un MBA de negocios es muy importante el idioma. También estuvimos pasando por un momento donde materias enfocadas a tecnología como data mining y marketing se volvieron más importantes en la malla curricular”.

Suárez también señala que ha habido cambios sustanciales en el último año y que siente gran diferencia con los métodos en Tarija y Bolivia, que necesitaría mayor innovación para adaptarse. “En países como Costa Rica la innovación y el uso de las nuevas tecnologías tuvieron un avance muy notorio, al retornar a Bolivia se veía falencias en ese sector”.

EL contexto político, dice, también le ha perjudicado. “Llegamos en un momento de elecciones y la opción de reubicarnos en puestos de trabajo con la gobernación, por ejemplo, no dependían de nosotros”.

Tanto Suárez como Mamani tienen claro el compromiso adquirido con el departamento y no pierden la ilusión por aportar en el desarrollo de la tierra, sin embargo, su primer “baño de realidad” con el mercado laboral en Tarija ha sido frío.

Datos de la OCDE para una educación de calidad

El informe Panorama de la Educación 2019 estima que, en promedio en los países de la OCDE, aproximadamente uno de cada seis jóvenes de entre 15 y 24 años está matriculado en programas técnico-vocacionales. La diferencia entre el número de adultos jóvenes con educación terciaria y aquellos con educación media superior se ha reducido. En 2018, el porcentaje de adultos jóvenes con una cualificación media superior o postsecundaria no terciaria, un 41%, era prácticamente igual al porcentaje de adultos jóvenes con educación terciaria, un 44%.
FUENTE: EL PAÍS